Una planta trepadora de la familia de la calabaza convertida en esponja natural. Te contamos su origen, cómo se cultiva y por qué nos enamoramos de ella.
No solo fabricamos esponjas. Formamos parte de un movimiento que apuesta por reducir residuos y volver a lo esencial — y todo empieza con una planta que muy pocos conocen.
La luffa (también llamada estropajo vegetal) es una planta trepadora originaria de Asia, emparentada con calabazas, melones y pepinos. Su fruto, cuando se deja madurar al sol, pierde la pulpa y deja una red de fibras vegetales increíblemente resistente. Esa red es nuestra esponja.
Un cultivo curado al sol
El proceso comienza en primavera, cuando sembramos las semillas en suelo bien drenado. La planta crece rápido durante el verano, trepando por estructuras de madera que la sostienen hasta más de tres metros de altura. Cada fruto puede medir entre 30 y 80 centímetros.
A finales de verano dejamos que el fruto madure en la planta. Cuando la piel se vuelve marrón y crujiente, lo recogemos y abrimos: dentro está la esponja, lista para limpiarse, cortarse y dar forma a cada uno de nuestros productos.
Una planta. Cero residuos. Y una piel suave que aguanta meses de uso.

¿Por qué Galicia?
El clima atlántico, las primaveras suaves y los veranos largos hacen del entorno del Camino de Santiago un enclave excepcional para el cultivo de luffa. Trabajamos con pequeños productores locales con los que compartimos un mismo objetivo: producir limpio, cercano y sostenible.
Lo que queda en la planta también cuenta
Los restos del cultivo (tallos, hojas, pulpa) se compostan en la propia finca y vuelven al suelo como abono. Esto cierra el ciclo y mantiene la fertilidad sin química añadida.
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